martes 10 de noviembre de 2009
zeitgeist 2
clickar el link para ir al video:
Zeitgeist 2
miércoles 4 de noviembre de 2009
Historias de un tirado cap. 36
La Vagancia
Soy vago. Los vagos tenemos algo en común, que solemos cagarla. Hoy la he cagado de nuevo gracias a mi vagancia. Sin ella no sería quien soy. La vagancia se nutre de seres como yo, siempre dispuestos a aplazar nuestros compromisos y obligaciones y por tanto a cagarla. Si queréis saber como la he cagado no os lo diré, tanto da. Pero los vagos somos apañados. Y tenemos esa cualidad porque hacemos apaños en vez de trabajos o faenas. A veces, según lo brillante que sea cada uno, podemos salvar el culo con el apaño, otras no.
Yo empecé a ser vago a muy tierna edad. De hecho ya tardé más en nacer de lo que es un parto normal. No quería salir, ¿para qué? Si ya estás bien para qué cambiar. Luego la vagancia fue algo que me acompañó a lo largo de mi infancia. No empecé a andar hasta los 23 años y sólo un año antes seguía haciéndome pis y caca sin control. Ahora la mayoría de veces ya lo controlo. Por la misma razón soy tan vago que aún no he considerado que haya llegado el momento oportuno para dejar de gatear. Creo que los vagos somos una gran lacra de la evolución, algo que ella no debería haber dejado pasar por alto. De los dos principios evolutivos que supuestamente son básicos para el éxito de una especie: competencia y cooperación, no nos decantamos por ninguno, de hecho no hacemos uso de ninguno. Ni cooperamos ni competimos, en todo caso vagueamos.
Por tanto, ¿a qué o quién debemos nuestra existencia? ¿cúal ha sido la clave de nuestro éxito? Si la respuesta no está en la ciencia, quizás esté en la alucinación de algún chaman lleno de peyote o quizás nos lo revele algún día el fantasma de nuestra abuela o quizás la pitonisa Lola o o o o… Si una pregunta tiene más de una respuesta válida es que la pregunta está mal formulada. Porqué de hecho no se trata de a qué o a quién le debemos nuestra existencia, sino porqué la vida ha permitido la existencia de seres como nosotros. Y la respuesta aquí sí que es única, nuestra existencia va en contra del sentido de la vida. Por tanto, somos un error que no llega ni al nivel del parásito. El parásito al menos sabe cual es su función, aprovecharse de otro. El vago no. El vago es tan burro que ni tan solo se aprovecha, para qué. Y es que esta es la gran pregunta del vago ¿PARA QUÉ?: Para que voy a hacer esto…; Para que ir a…; Para que hacerlo ahora…; Para qué tal cosa si aún queda mucho tiempo para hacerla, etc.
Pero además el vago no escarmienta. No porque no quiera, va en contra de su naturaleza. Cuando hace algo que no sea hacer nada, su actividad básica, se siente incómodo. Puede hacerlo pero a despecho, contra su voluntad y amiga: la Vagancia, oh gran Vagancia. Vagos del mundo, no os sentáis mal por ser como sois. Ser vago es natural, es una cualidad intrínseca que intentan deformar desde la educación, la familia, el estado, el trabajo, los consejos, las sanciones, las multas, las reprimendas, las humillaciones, los insultos… Pero nada, nada sirve contra la vagancia. Rendíos a ella si la poseéis. Tratarla como un don, una virtud y no una desgracia. La vagancia os llevará a una vida si no mejor si más relajada, sin presiones por responsabilidades, por ser el mejor, por hacerlo siempre bien, por corresponder cuando os toca… Desarrollar vuestra naturaleza y no os sintáis mal por ser como sois. Firmado el Tirado, siempre vago, siempre natural.
